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miércoles, 30 de marzo de 2016

EL PODADOR DE CÍTRICOS


EL PODADOR DE CÍTRICOS


Jerónimo Mons fue encontrado muerto en la entrada de su finca. El cadáver estaba depositado en un túmulo de piedras. Mons vivía solo en una casa de campo y  se dedicaba a cuidar cinco hectáreas de cítricos que tenía alrededor de la morada. Todas las tardes acudía al bar de su pueblo natal Siat, a dos kilómetros de su casa, a jugar al dominó. La ausencia al evento durante varias jornadas despertó las sospechas de sus amigos. Su teléfono móvil tampoco daba señal. 
Dos compañeros de partida Pep Fust y Toni Suau acudieron a su casa alarmados y se encontraron al susodicho más muerto que un muerto y en estado de descomposición. La policía hubiese determinado que murió de muerte natural, la autopsia revelaba paro cardiaco y el cuerpo no presentaba signos de violencia. Pero yacía el agricultor en un extraño altar de piedras construido hacía poco con rocas removidas de los alrededores. Se sabía que Mons sufría del corazón y que su vida estaba pendiente de la evolución de este órgano vital. Helen Bras la inspectora a la que asignaron el caso había visto en su vida profesional muchas muertes pero ninguna como esta. Asesinato ritual, muerte accidental, incluso inducida por el mismo u otro, cualquier hipótesis estaba abierta.

Pero, esto fue solo el principio, los acontecimientos posteriores al deceso de Mons, en la comarca de Sans, desbordaron el  quehacer diario de la policía.
EN BREVE SE PUBLICARÁ LA HISTORIA DEL PODADOR DE CÍTRICOS

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